Hablar de formación en la empresa es hablar de futuro. En un mercado que cambia a gran velocidad, las nuevas tecnologías cambian constantemente la manera de producir y de competir. Es por ello que invertir en las personas se ha convertido en una necesidad más que en una opción.
Una plantilla formada es la mejor garantía para mantener la competitividad y asegurar la continuidad de una empresa a largo plazo.
Aun así, muchas compañías siguen viendo la formación como un gasto o como una tarea que siempre puede esperar. La presión diaria, los plazos y la falta de información hacen que se deje en un segundo plano, sin reparar en que ese descuido supone perder una gran oportunidad de crecimiento.
Y es que todas las empresas disponen de un crédito formativo anual para capacitar a sus trabajadores. El problema es que, si no se utiliza en el plazo previsto, se pierde. La llamada Formación Programada nace precisamente para evitar que eso ocurra.
En este artículo vamos a explicarte qué es exactamente la Formación Programada, cuál es su marco legal, cómo funciona el proceso y qué ventajas ofrece tanto a empresas como a trabajadores. ¡Sigue leyendo!
¿Formación Programada o Formación Bonificada?
Cuando hablamos de formación en la empresa, aparecen dos términos que a menudo generan confusión: Formación Programada y Formación Bonificada. Muchos los utilizan como sinónimos, y no es del todo incorrecto.
La Formación Programada, era conocida anteriormente como Formación Bonificada, y es un sistema que permite a las empresas ofrecer formación a sus trabajadores sin que suponga ningún coste. La compañía adelanta el importe de la formación y, una vez finalizada, se lo descuenta en forma de bonificación en las cotizaciones a la Seguridad Social. De este modo, la formación es gratuita tanto para la empresa como para los empleados.
El programa está gestionado por la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo (FUNDAE) con el objetivo de responder a las necesidades reales de formación que detecta cada empresa, mejorando la productividad y la competitividad a través del desarrollo de nuevas competencias y cualificaciones profesionales.
Eso si, no hay que confundir el término con Formacion Subvencionada. No son lo mismo. La Formación Subvencionada es aquella que que financia directamente el Estado, normalmente a través de convocatorias abiertas para desempleados o colectivos específicos.
En definitiva, más allá del término que empleemos, se trata de un recurso de gran valor para impulsar las habilidades de los trabajadores sin generar un coste extra. No debe verse como un gasto, sino como una forma de invertir en el crecimiento y desarrollo del equipo.
Marco Legal: Ley 30/2015 y RD 694/2017
La Formación Programada para empresas está respaldada por una base normativa y un marco legal específico que todas las compañías deberían conocer.
El punto de partida lo marca la Ley 30/2015, de 9 de septiembre que regula el Sistema de Formación Profesional para el Empleo en el ámbito laboral. Esta ley establece las bases: quiénes pueden beneficiarse, cómo se calculan los créditos de formación, qué requisitos deben cumplir las empresas y cuáles son las funciones de los distintos organismos como FUNDAE y el Servicio Publico de Empleo Estatal, o SEPE.
A esta ley se suma el Real Decreto 694/2017, de 3 de julio, que desarrolla y concreta lo establecido en la norma anterior. Este RD entra en el detalle del procedimiento: plazos de comunicación de los cursos, requisitos de trazabilidad documental, porcentajes de cofinanciación según tamaño de empresa o cómo deben realizarse las bonificaciones en los seguros sociales.
Juntas, estas dos normas garantizan que el sistema sea transparente y esté regulado.
¿Cómo funciona y quien puede solicitar la Formación Programada?
El mecanismo de la Formación Programada es sencillo, aunque visto desde fuera pueda parecer un poco burocrático. Cada año, las empresas disponen de un crédito de formación calculado en función de lo que han cotizado el año anterior y del número de trabajadores en plantilla. Ese crédito es el que les permite financiar cursos para los empleados.
Con estos datos, se determina el importe disponible, que se distribuye de la siguiente manera:
- De 1 a 5 trabajadores: tienen garantizada una cuantía mínima de 420 €.
- De 6 a 9 trabajadores: disponen del 100% de lo cotizado.
- De 10 a 49 trabajadores: acceden al 75% de lo cotizado.
- De 50 a 249 trabajadores: reciben el 60% de lo cotizado.
- A partir de 250 trabajadores: el crédito corresponde al 50% de lo cotizado.
El proceso arranca con la planificación: la empresa detecta qué necesidades formativas tiene su equipo y selecciona los cursos más adecuados. A continuación, comunica a FUNDAE la acción formativa con al menos dos días de antelación antes de que empiece. Una vez realizado el curso, y con la documentación correspondiente, se aplica la bonificación en los seguros sociales, lo que compensa el coste adelantado.
En cuanto a quién puede solicitarlo, la respuesta es clara: todas las empresas que coticen por sus empleados en Régimen General tienen derecho a utilizar esta ayuda. Desde grandes compañías hasta microempresas con un solo trabajador pueden beneficiarse.
Para poder acceder a la Formación Programada es necesario cumplir con ciertos requisitos concretos. La empresa debe estar al corriente en sus obligaciones con Hacienda y Seguridad Social, y debe asegurar que los cursos cumplen los criterios de calidad que marca la normativa.
Además, debe conservar toda la documentación justificativa de la acción formativa durante un periodo mínimo de cuatro años. También está obligada a acreditar el importe de las facturas correspondientes antes de aplicar la bonificación en los seguros sociales.
Finalmente, la empresa debe garantizar la asistencia real de los trabajadores inscritos en la formación, ya que sin su participación efectiva no se puede aplicar la bonificación.
Principales ventajas de la Formación Programada
La Formación Programada es mucho más que una ayuda económica. Es un recurso estratégico. En la práctica, es una herramienta que impacta directamente en la productividad, en la motivación y en la capacidad de adaptación.
Para los trabajadores, esta formación supone posibilidades de crecimiento y desarrollo profesional. Para la empresa, aprovechar este crédito es también una forma de anticiparse a los cambios del mercado. La formación, entendida así, es un factor clave para diferenciarse en sectores cada vez más exigentes.
A continuación, te contamos en detalle cuáles son las principales ventajas de la formación programada y por qué conviene aprovechar al máximo este crédito formativo:
Beneficios para la empresa
- Mayor productividad: una plantilla formada realiza su trabajo con más eficacia y mejor aprovechamiento del tiempo.
- Resultados de mayor calidad: la aplicación de nuevos conocimientos en las tareas diarias eleva el nivel de los proyectos y servicios.
- Mejora de la reputación corporativa: cuando los trabajadores crecen dentro de la empresa, la imagen de la organización también se fortalece.
- Agilidad y adaptación al cambio: contar con equipos preparados facilita la respuesta a nuevos retos y entornos cambiantes.
- Mejor toma de decisiones: la formación potencia la capacidad de análisis y resolución de problemas, lo que se traduce en ahorro de tiempo y recursos.
Beneficios para el trabajador
- Desarrollo de competencias: permite adquirir y reforzar habilidades clave para su puesto y su carrera profesional.
- Mayor empleabilidad: disponer de más formación amplía las oportunidades laborales dentro y fuera de la empresa.
- Mejor imagen personal y profesional: el aprendizaje continuo genera confianza y refuerza su perfil en el mercado.
- Reducción del estrés: contar con más herramientas y recursos para el trabajo diario disminuye la presión y la incertidumbre.
- Motivación y satisfacción: la posibilidad de seguir creciendo fomenta el compromiso y la identificación con la empresa.
La Formación Programada ofrece múltiples beneficios, aunque en la práctica muchas compañías no llegan a aprovechar todo el crédito anual del que disponen. La presión del día a día, las cargas de trabajo y los plazos suelen relegar la formación a un segundo plano. Sin embargo, descuidarla implica perder una oportunidad para mejorar la competitividad de la organización.
Conclusiones
La Formación Programada es un sistema que va mucho más allá de una ayuda económica. Se trata de un recurso estratégico que permite a las empresas crecer a través de la capacitación de sus trabajadores sin que suponga un coste adicional.
Los beneficios son claros y compartidos. Para la organización, la formación se traduce en mayor productividad, mejor reputación, y más capacidad de adaptación. Para el trabajador, supone desarrollo profesional, más empleabilidad, y una mayor motivación en su puesto. En conjunto, la empresa entra en un ciclo de mejora continua que refuerza su posición en un mercado cada vez más competitivo.
El gran reto está en no dejar que el crédito caduque por falta de tiempo o planificación. Invertir en formación no debería quedar relegado a un segundo plano, porque es precisamente lo que asegura el crecimiento a largo plazo.
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